Ypsi – Manuel Iglesias Soilán

Psicología, talleres y proyectos educativos

¿Y psi… un tweet hiciera perder unas elecciones?

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“El único modo de resolver los problemas es conociéndolos, saber que existen. El simplismo los cancela y, así, los agrava”

Giovanni Sartori

La firma de los tratados que dieron paso a la Paz de Westfalia, consolidaron los cimientos de lo que hoy conocemos como el Estado-Nación. Desde entonces, aparejado al desarrollo del modelo de producción capitalista, el ser humano se ha visto involucrado en unas tasas de crecimiento y de desarrollo tecnológico nunca vistas antes en ningún periodo histórico. Tal ha sido el empuje de dichas fuerzas que, curiosamente, su mayor elogio ha venido de la mano de los mayores detractores del capitalismo:

Marx y Engels en el Manifiesto Comunista.

Desde la caída del bloque socialista, la Globalización se ha erigido como el modelo de exportación de valores y mercancías hegemónico. Si a aquél fenómeno, le sumamos la preponderancia que han ido adquiriendo la innovación y las tecnologías, a nadie le sorprenderá ver cuánto ha cambiado nuestra cosmovisión del mundo en un plazo de tiempo, más bien, irrisorio.

La velocidad de todo tipo de invenciones e intercambios, pueden escapar ya no sólo a la legislación de un país, sino también a nuestra forma de entender el mundo. La mención de Westfalia al respecto no es aleatoria. No se trata de vaticinar la quiebra del Estado-Nación (más aún cuando éstos han favorecido la acumulación de capital históricamente), sino plantear un debate sobre la profundidad de dichos cambios en el día a día de las personas. La gama de elementos a analizar es, ciertamente amplia. Aquí simplemente a analizar la información y la cultura como herramienta política en las sociedades actuales.

El desarrollo del Smartphone o el BigData nos permiten acceder en cuestión de segundos a cualquier fuente de información. El problema, por tanto,

no es la falta de información a la hora de estudiar un determinado tema, sino el gasto de tiempo que supone en seleccionar una información u otra y cotejarla.

De este razonamiento, por tanto, inferimos lo siguiente: aquellos medios o personas capaces de publicitar X flujo de información en el menor tiempo posible, serán capaces de llegar a más personas. Esto parece algo obvio, no así las consecuencias que pueden llegar a tener. Por ejemplo, recientemente se ha cuestionado la legitimidad de las elecciones americanas por el ‘’favorecimiento’’ de Facebook al candidato presidencial Donal Trump, o el ahora candidato a la presidencia de Brasil, Jair Bolsonaro, por haber montado una trama de Fake News, vía whatsapp.

En todo caso, la constante es la misma: la capacidad de unos agentes de mover ingentes cantidades de información en un lapso de tiempo ínfimo, sumado a una progresiva pauperización del debate intelectual, está fraguando una nueva arena en la que lo importante puede que ya no sea el contenido propiamente dicho, sino el cómo se muestre éste. No hablamos necesariamente de Fake News, sino de cómo, un titular o un twit manidos pueden llegar a levantar conclusiones equivocadas cuando no directamente odio. La progresiva tendencia de medios y, por tanto, de las personas a rebajar el debate o los análisis provoca que las conclusiones a las que se lleguen sean de una calidad que no llegue nunca a abarcar la verdadera esencia de un problema. Voy a poner un ejemplo. Probablemente en las anteriores elecciones presidenciales americanas, la proliferación de Fake News y la injerencia de agentes externos pudieran haber incidido en el rumbo de las elecciones; no lo niego. Ahora bien, no parece racional combatir el fuego con fuego, es decir, achacar en buena parte dicha victoria a la presencia de esos elementos sin entrar a valorar, por ejemplo, la situación socioeconómica del votante medio de Donald Trump o las políticas migratorias llevadas a cabo por su predecesor, Barack Obama.

Parece claro que la innovación tecnológica en ámbitos como las redes sociales o los medios de comunicación, han modificado durante estos últimos años la manera en que entendemos el mundo. Ello, sin embargo, no debería ser óbice para expedir información sin tener en cuenta las consecuencias que ello pueda tener.

Incentivar un debate plural y serio que no tenga miedo a plantear cualquier cuestión, debería ser la máxima de los medios de comunicación.

Pero los medios siguen siendo empresas, por lo que más allá de consideraciones éticas y morales, su último fin es conseguir el máximo beneficio. No parece que sea tanto culparles a ellos del uso que hagan de la información, como el que hacemos el resto en aceptar tácitamente todo aquello que se nos es planteado sin reivindicar, a su vez, una información más veraz y coherente.

En definitiva,

tenemos la responsabilidad y la opción de elegir el modelo de cultura e información que consumimos.

Es obvio que la cuota de mercado de algunas empresas así como otras consideraciones superestructurales tienen una gran capacidad de influencia, pero dudo que mirar a otro lado haga flaco favor a la democracia.

Y la solución también la predijeron los Simpsons.

Hay un especial Halloween en el que diversos monstruos están arrasando la ciudad de Springfield. Lisa, como siempre, halla la solución y comienza a cantar,

¿Qué es lo que dice la canción? A los monstruos no mirar.

Pues eso, ante mala praxis informativa, mejor no mirar.

El claroscuro de la responsabilidad // Caricatura de El Roto
El claroscuro de la responsabilidad
Caricatura de El Roto

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