Ypsi – Manuel Iglesias Soilán

Psicología, talleres y proyectos educativos

¿Y psi… fuéramos esclavos de la búsqueda eterna de la felicidad?

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“El zapato que va bien a una persona es estrecho para otra: no hay receta de la vida que vaya bien para todos”

Carl Gustav Jung

Estamos empeñados día a día en que necesitamos objetivos complejos y enrevesados para cumplir nuestro objetivo vital:

ser felices.

Buscamos la felicidad en nuestro trabajo, nuestros estudios, nuestros amigos, la familia, o incluso la pareja “perfecta”. Ansiamos ese estado total y absoluto de bienestar, porque…

es lo que nos han vendido.

Anuncios, películas, novelas, todos ellos nos dicen que cumpliendo esos maravillosos sueños que tenemos cada uno de nosotros encontraremos nuestra ansiada felicidad. Pero…

 ¿cuántos de vosotros habéis conseguido algo que teníais en vuestra lista de objetivos y no habéis sentido esa “felicidad absoluta”?

Aquello que nos venden como felicidad tiene un poco de trampa, digamos que lo que la sociedad concibe como objetivos para ser felices no son más que mitos, se trata de concepciones amplias que es difícil ser capaces de conseguir.

Para empezar, es importante destacar que

la felicidad no son más que pequeños momentos vitales  milisegundos incluso.

Él sonríe con los pequeños momentos, ¿y tú?
Él sonríe con los pequeños momentos, ¿y tú?
Imagen de: polvo.com

Por suerte o por desgracia, los humanos tenemos la capacidad de habituarnos a la felicidad, es decir, al principio esta emoción nos llena, nos vemos pletóricos y con la sensación de que nada nos puede parar; sin embargo, esta sensación tan maravillosa dura un tiempo muy breve. Tras esta fase, sentimos que no ha sido para tanto conseguir este objetivo tan ansiado, pasamos a estar más tristes y sentimos que nos hemos equivocado, que realmente no era nuestra meta vital. Así que, con esta sensación, nos embarcamos en nuevo objetivo, a priori, más emocionante, más complicado y más importante para nosotros. Y con este paso, volvemos al mismo lugar que al principio.

La felicidad son pequeños momentos.         

Por ello, es importante que tengamos presente que la felicidad no está en conseguir el trabajo de tus sueños. La felicidad está en conseguir un trabajo que nos permita mantener nuestro entorno, que nos permita tener una casa en condiciones o incluso que nos permita tener tiempo para dedicar a nuestros hobbies fuera del trabajo. La felicidad debe ser concreta, no está en cosas grandilocuentes, sino en pequeños detalles que marcan la diferencia.

La felicidad debe ser concreta.

No seremos más felices cuando tengamos hijos, de hecho los hijos no se relacionan con la felicidad sino con el sentido que tiene nuestra vida.

Los hijos aportan sentido a la vida, no felicidad.

Hay numerosas parejas que se encuentran en crisis o en momentos un poco inseguros de su relación y deciden arreglarlo teniendo hijos, porque creen que en ese momento su felicidad será plena y por tanto la relación con su pareja se estabilizará y podrán seguir adelante. Sin embargo, cuando los niños nacen sucede algo que, para estas parejas es inverosimil. No son más felices, no mejora su situación.

También sucede con el matrimonio, miles de personas piensan que a partir de ese instante comenzará su vida feliz y en pareja, el sueño perfecto. Sin embargo, esto no sucede. Nadie niega que el día del compromiso sea un día especial, pero no podemos pensar que algo tan amplio como el matrimonio nos hará eternamente felices. Como en toda relación tendremos momentos mejores y peores.

Seré más feliz cuando me case.

Ante este tipo de mitos, los cambios que podemos hacer son, “soy feliz cuando juego con mi hijo al escondite”, “disfruto y me hace feliz tener conversaciones durante la cena con mi mujer/marido”. De nuevo, concretamos y vemos momentos que nos hacen sentir bien, en los que aprendemos.

Otro mito importante que quiero comentar es el hecho de buscar ser felices con algo que hace feliz al de al lado, es decir, quizás a mi pareja le gusten las reuniones con mucha gente, le guste hablar en público y se sienta cómodo haciéndolo. Pero yo no, puedo ser una persona más reservada, que le guste más estar con grupos pequeños y de gente conocida donde poder hablar y dar la opinión en “petit comité”. Por ello, yo no debo buscar la felicidad en hablar delante de grandes masas, sino en buscar esos momentos en los que me siento cómodo para poder expresarme.

No busques la felicidad en los gustos de otros, obsérvate a ti mismo.

Es importante que tengamos en cuenta que cada persona tiene unos intereses y, por tanto, unos objetivos diferentes. Debemos ser conscientes de nuestros gustos y pensar que actividades nos hacen sentir bien. Hay que destacar que no existe una receta perfecta para encontrar la felicidad, cada uno de nosotros debe mirarse a sí mismo para encontrar ese método que le hará encontrarla.

Como dijo Nika Vazquez Seguí: “en la propia vida es donde están las pequeñas gotas de felicidad, los momentos, quizá minutos o segundos, donde nos damos cuenta de que ese instante es único y vale la pena“. En la misma rutina diaria podemos encontrar esa tranquilidad en los momentos más sencillos, y disfrutar de ellos es lo que aporta calma, bienestar, serenidad y satisfacción a nuestra vida.            

Buscar la felicidad en el futuro es injusto para nosotros mismos, puesto que no valoramos lo que hemos conseguido hasta este momento, hasta el              presente, y continuamente anhelamos algo que no tenemos, algo que, en ocasiones, ni siquiera sabemos qué es.