Ypsi – Manuel Iglesias Soilán

Psicología, talleres y proyectos educativos

¿Y psi… aprendiéramos a aburrirnos?

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Cuando prestas atención al aburrimiento, se vuelve increíblemente interesante.

Jon Kabat-Zinn

Aburrirse es un coñazo.

La gente no suele disfrutar del aburrimiento, encontrando desagradable algo tan ínfimo como pasar unos minutos en una habitación sin hacer nada. En un experimento realizado por Wilson et al. (2014), se encontró que una mayoría de los participantes varones

preferían administrarse un shock eléctrico presionando un botón antes que estar a solas con sus pensamientos,

encontrando una proporción significativamente menor de mujeres que también lo hacían. El mismo estudio determinó que un 83% de la gente no dedica ningún tiempo a esa vagancia de pensamiento, decantándose por una estimulación constante que está ahora, más que nunca, a nuestro alcance con las nuevas tecnologías.

Es razonable preguntarse entonces:
¿es malo aburrirse?

Todo lo contrario. Cuando nos aburrimos, nuestro cerebro no está focalizado en nada en especial, lo que le permite entrar en lo que se conoce como el modo de pensamiento difuso. En este estado, el cerebro realiza gran cantidad de conexiones aleatorias y consolida los aprendizajes recientes, lo que nos permite llegar a dos importantísimas conclusiones:

  1. Cuando nos aburrimos, nuestro cerebro explora tentativamente muchas conexiones, intentando establecer relaciones entre conceptos que ya conocemos con la posibilidad de descubrir algo nuevo. Esto es sin duda, la esencia de la creatividad (y también fomenta la comprensión de los conocimientos que ya tenemos). Algunos grandes científicos e inventores eran conscientes de estos beneficios y encontraron estrategias para sacarles partido. Einstein, por ejemplo, sujetaba sus llaves en la mano mientras se adormilaba en su silla, y cuando finalmente se dormía, su mano se relajaba y las llaves caían al suelo, despertándole. Ocasionalmente, descubría alguna nueva idea en su mente tras este proceso, que tal vez no hubiera encontrado de otra manera.
  2. No pensar en nada en especial, dejar que la mente vague libremente, permite al cerebro consolidar la información aprendida recientemente, fomentando un recuerdo más detallado y duradero. Este proceso de consolidación es el mismo que ocurre cuando dormimos, y por el cual es tan importante mantener una buena higiene de sueño para desarrollarse intelectualmente (entre otras cosas).

El aburrimiento siempre precede a un periodo de gran creatividad.

Robert M. Pirsig

Por lo tanto, sobre todo para estudiantes o personas que están realizando un determinado aprendizaje,

es esencial conocer este modo de pensamiento

así como las formas de acceder a él. La estrategia de Einstein es algo anecdótica, ya que realmente basta con quedarse sentado un rato sin hacer nada o salir a pasear, lo que personalmente encuentro más agradable. Además,

el pensamiento difuso no requiere que dejemos la mente en blanco:

cuando paseamos, por ejemplo, muchos pensamientos van y vienen, y no le damos demasiada importancia a ninguno. Hasta podemos llegar a mantener conversaciones internas, sin que eso interfiera con el procesamiento inconsciente que estamos buscando. El único antagonista del pensamiento difuso es su hermano opuesto (y muy necesario), el pensamiento focalizado. Este modo de pensamiento es el que nos permite reflexionar y manejar información de forma activa, aplicarla a problemas, razonar, prestar atención, etc. Es igualmente indispensable, pero es importante comprender que es incompatible con el modo difuso.

Se está en uno o en otro, pero no en ambos a la vez.

Niño con un móvil (qué raro) // Imagen de: http://mariannemiller.com/wp-content/uploads/2015/05/youth-with-no-attention-span.jpg

¿Y por qué es tan importante saber esto?

Ya hemos visto antes que el aburrimiento no es una sensación agradable (algunas personas prefieren administrarse dolor antes que quedarse a solas consigo mismas). Es lo que en psicología se llama un estímulo aversivo y, por lo tanto, genera respuestas de evitación en nosotros.

Y aquí está el problema:

en la época actual, tenemos tantas formas de estimularnos, tantos medios de distracción, que aquel aburrimiento capaz de iniciar el modo de pensamiento difuso se ha convertido en algo prácticamente anecdótico. El móvil, la televisión y el ordenador (entre otros) son acompañantes omnipresentes en para cualquier momento en el que sintamos el más mínimo aburrimiento, por lo que NUNCA permitimos que nuestro cerebro abandone el pensamiento focalizado.

Esto nos lleva a una importantísima conclusión:

la sobreestimulación a la que estamos sometidos en cada momento de cada día de nuestra vida ahoga nuestra capacidad creativa y limita nuestra capacidad de aprendizaje,

bloqueando el muy necesario pensamiento difuso. Si notas que tienes dificultades para estudiar, o que tu creatividad no fluye como antaño, pregúntate si estás dejando suficiente tiempo a tu cerebro para que trabaje por su cuenta sin un bombardeo constante de información. Esto no significa que tengamos quedejar de usar nuestros dispositivos electrónicos, sino que seamos responsables con su uso, ahora que sabemos lo que supone.

Ah, y ya que estamos: ésta es una razón más para preocuparnos por el uso que hacen los niños y los adolescentes de las nuevas tecnologías. No olvidemos que con 7 años muchos ya tienen su smartphone, y no son precisamente más responsables con su uso que nosotros.


Referencias Principales:

Wilson, T. D., Reinhard, D. A., Westgate, E. C., Gilbert, D. T., Ellerbeck, N., Hahn, C., … & Shaked, A. (2014). Just think: The challenges of the disengaged mind. Science, 345(6192), 75-77.

Mann, S., & Cadman, R. (2014). Does being bored make us more creative?. Creativity Research Journal, 26(2), 165-173.

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