Ypsi – Manuel Iglesias Soilán

Psicología, talleres y proyectos educativos

¿Y psi… las princesas Disney no fueran la mejor influencia?

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“No estoy aceptando las cosas que no puedo cambiar, estoy cambiando las cosas que no puedo aceptar”

Angela Davis

Ante la consolidación de la industria cinematográfica como uno de los agentes socializadores más influyentes en la transmisión de modelos de conducta, actitudes y valores, surge la imperante necesidad de hacer un análisis crítico de los

mensajes ocultos que hay tras la información que recibe la población infantil desde las pantallas.

Pero, ¿por qué cala tanto el contenido de las películas de dibujos animados?

El elemento compartido por todos estos relatos infantiles es el uso de

la emotividad.

Ha sido ampliamente constatado que las emociones, tanto positivas como negativas, influyen en los procesos de cimentación de los recuerdos en la memoria2. En estas películas encontramos historias con una carga emocional muy alta, donde los más pequeños y pequeñas acaban identificándose con los personajes, y tomándoles como ejemplo a seguir, ya sea a través de la vestimenta, la forma de hablar o decomportarse.

Las personas, no nacemos con un repertorio innato de conductas, sino que las vamos aprendiendo e interiorizando a través de la experiencia directa o la observación. El aprendizaje vicario, teorizado por Albert Bandura (1982)3, hace referencia al aprendizaje basado en la observación del comportamiento de otras personas, a las que tomamos como modelos. Las conductas que deriven en resultados positivos tenderán a imitarse, por el contrario, las que conlleven consecuencias negativas tratarán de evitarse. Es decir, podemos aprender de los errores ajenos.

El aprendizaje por observación y la respuesta empática4 son dos de las claves para entender el papel que juega el cine y la televisión en la construcción de la identidad. En la filmografía de Disney se proponen “modelos de realidad” muy concretos, que con frecuencia, hacen uso de tópicos y estereotipos como herramienta para simplificar la información.

Estos valores, creencias y jerarquías transmitidos, van moldeando los esquemas cognitivos y conductuales de niñas y niños, quienes mediante el proceso psíquico de identificación irán adscribiéndose a una categoría, forjando en última instancia identidades colectivas en función de su género asignado.

Las primeras películas de princesas como “Blancanieves” (1937) o “La Cenicienta” (1950) nos muestran

un perfil de mujeres sumisas, frágiles y desdichadas, relegadas al ámbito doméstico

donde llevan a cabo las labores del hogar o de cuidados. Llama la atención que, a pesar de ser las protagonistas, rara vez toman la iniciativa de la acción, por el contrario, tienden a mantener una actitud pasiva e incluso de indefensión aprendida ante el trato abusivo que reciben, quedando a la espera de que otros personajes secundarios como “el príncipe azul” den un giro a la trama final5.

En entregas posteriores como “La Sirenita” (1989), “La Bella y la Bestia” (1991) o “Aladdin”(1992), si bien nos encontramos jóvenes más inconformistas y seguras de sí mismas, que muestran una aparente subversión ante la autoridad, finalmente sus aspiraciones se ven supeditadas a los deseos y decisiones de los personajes masculinos, en los que acaban encontrando la libertad que ansiaban a través de la máxima del “amor verdadero. Podemos observar desde la perdida de libertad física en el caso del personaje de Bella hasta la renuncia de una parte de su esencia en el de Ariel. También, nos topamos con escenas de tilde paternalista como la del Sultán con su hija Jazmín, cuyas palabras:

“…yo no voy a vivir para siempre y, bueno, quiero asegurarme de que alguien se ocupe de ti, que alguiente proteja…”,

expresan una actitud sexista que nos posiciona constantemente como las eternas menores, necesitadas de una figura masculina que nos de soporte y seguridad ante nuestra aparente vulnerabilidad.

Las nuevas entregas Tiana y el sapo(2009), Brave(2012) o “Frozen” (2013), han supuesto un punto de inflexión,

al presentar a mujeres independientes y valientes que se rebelan contra el orden patriarcal establecido y toman las riendas de sus vidas.

Sin embargo, siguen perpetuando ciertos atributos estereotipados como la belleza, la bondad o la impulsividad emocional.

En cuanto a los personajes masculinos co-protagonistas, siguen presentándose como jóvenes apuestos y valientes, que no temen tomar el control de la situación y que rara vez muestran sus sentimientos abiertamente.

A pesar de la evolución que los personajes femeninos han tenido a lo largo de las décadas, siguen restringidos a unos cánones de belleza muy normativos, donde

no hay cabida a la diversidad de cuerpos que encontramos en el mundo real.

Por otra parte, el amor romántico sigue siendo una baza recurrente en todas las historias, perpetuando mitos como “el amor a primera vista”, “la media naranja” o “el amor todo lo puede”, que tienen gran calado en la forma de entender las relaciones afectivas en edades más adultas.

También, se observa un vacío tácito de personajes secundarios femeninos, existiendo dos arquetipos muy marcado en la historia,

la madrastra y la protagonista, quienes vienen definidas por el binomio bondad-belleza versus maldad-fealdad.

Por último, se hace necesario la presentación de alternativas al modelo tradicional familiar, dando espacio a formaciones no convencionales como familias homoparentales o monoparentales. Igualmente, es preciso que comiencen a visibilizarse personajes con orientaciones sexuales alejadas de la heteronormatividad, donde las más pequeñas y pequeños pueden encontrar nuevos referentes.

Este breve análisis de las películas de princesas expone como la socialización diferencial en el cine ha ayudado perpetuar un sistema desigual a lo largo de varias generaciones. A pesar de la transformación plausible en las historias actuales, debe hacerse hincapié en adoptar una mirada con perspectiva degénero sobre las imágenes que consume el público infantil.


REFERENCIAS:

1 Sánchez-Labella, I. (2015).Uso y abuso de los dibujos animados. Pautas para un consumo responsable desdela infancia. Veo Veo, ¿qué ven?, (1), pp.23-56.

2 Igartua, J.J, & Muñiz, C. (2008). Identificación con los personajes y disfrute ante largometrajes de ficción. Una investigación empírica. Comunicación y Sociedad, 21(1), 25-52.

3 Bandura,Albert (1982): Teoría del aprendizaje social. Ed. Espasa-Calpe. Madrid.

4 Moya-Albiol, L., Herrero, N. and Bernal, M. (2010). Bases neuronales de la empatía. Neurología de la Conducta, (50), pp.89-100.

5 Cantillo Valero, C. (2015). Imágenes infantiles que construyen identidades adultas. Los estereotipos sexistas de las princesas Disney desde una perspectiva de género. Efectos a través de las generaciones y en diferentes entornos: digital y analógico. UNED.