Ypsi – Manuel Iglesias Soilán

Psicología, talleres y proyectos educativos

¿Y psi… el feminismo no fuera el enemigo a abatir?

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“El feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente”

Simone de Beauvoir

Si bien el colectivo feminista ha ido ganando mayor visibilidad y aceptación en los últimos años, una de las frases más oídas en cualquier conversación es la popular:

“Ni machismo, ni feminismo, igualdad”

Tal afirmación sitúa al machismo y al feminismo en los extremos de un mismo continuo. La desinformación y la estigmatización que ha acompañado al feminismo, ha conducido a la equiparación de un movimiento social, político y cultural que desde hace más de dos siglos lucha por la emancipación de las mujeres en aras de la igualdad, con una ideología que defiende la subordinación de las mujeres en base a una supuesta superioridad masculina. El patriarcado como sistema de organización político, económico, religioso y social asentado sobre unas relaciones jerarquizadas donde el poder, la autoridad y el liderazgo se encuentran exclusiva o mayoritariamente en manos de los varones ha ido transformando sus mecanismos de dominación a lo largo del tiempo. Como distingue la filósofa feminista Alicia Puleo (1), podemos encontrar patriarcados de coerción y patriarcados de consentimiento. Los primeros, los hallamos en las sociedades donde el propio sistema legal e ideológico establece la inferioridad de las mujeres, castigando incluso con penas legales cualquier posible desviación del orden establecido. El segundo tipo es el que encontramos en las sociedades formalmente igualitarias, donde lemas como “la igualdad ya es real” o “yo trato a hombres y mujeres de la misma manera” se llevan por bandera. En este último, la desigualdad se ha establecido a través de mecanismos más sutiles e invisibles. La socialización diferencial, que marca nuestra visión de la realidad y de la propia identidad; la transmisión de prácticas y mitos sexistas, como que “los chicos nos llevan falda” o “es antihigiénico que las chicas no os depiléis”; los insultos y expresiones que utilizamos véase “nenaza”, “corres como una chica” o “es un coñazo”, o las imágenes estereotipadas que difunden los medios de comunicación, contribuyen a normalizar la ideología patriarcal. Tal ha sido la naturalización de este trato diferencial que se han logrado revestir nuestras elecciones bajo un velo de aparente libertad (2).

En España, más de 975 mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas en los últimos quince años (3). Además, las mujeres representamos más del 80% de las víctimas de delitos sexuales. A pesar de que mueren más hombres al año, las cifras muestran que la mayoría de asesinatos son cometidos por ellos (4). En 2017, más del 17% de las mujeres tenían ingresos salariales iguales o menores al Salario Mínimo Interprofesional (5). Por otro lado, las carreras univesitarias (6) y las FP (7) siguen manteniendo un sesgo de género, encontrando sectores como el de cuidados, servicios sociales o imagen muy feminizados.

Ante este panorama, llama la atención que en cuanto comienza el debate, las mujeres somos tachadas de exageradas o quejicas, teniendo que hacer frente a un grupo de personas que defienden a capa y espada que la violencia de género no es diferente a cualquier otra.

Algunas respuestas de por qué se sigue sosteniendo que la igualdad es un hecho fáctico, podemos encontrarlas en algunos mecanismos cognitivos como los sesgos y heurísticos (8) que nuestro cerebro usa a diario a la hora de procesar la información que recibe. Estos mecanismos nos permiten emitir juicios inmediatos en base a la información parcial con la que contamos, facilitando la emisión de respuestas más rápidas.
El sesgo de correspondencia se usa con frecuencia en la justificación de ciertos prejuicios o tópicos sexistas como “mujer al volante, peligro constante” (9), “las mujeres solo os preocupáis por la moda y el maquillaje”; “las mujeres sois unas cotillas” o “las mujeres siempre conseguís lo que queréis”. Este sesgo se basa en una sobrestimación de los factores disposicionales, dejando a un lado el papel que juegan los factores situacionales. Es decir, el mantenimiento de dichos pensamientos se sustenta sobre la atribución interna a las mujeres de características como el ser charlatanas, manipuladoras o superficiales. También se utiliza a menudo para poner en tela de juicio los testimonios de mujeres que han sufrido algún tipo de violencia machista, donde argumentos como “algo habría hecho” o “ella tampoco era una santa” se emplean para culpabilizar a las víctimas.

Otros casos como el de las denuncias falsas suelen estar más ligados con el heurístico de disponibilidad, por el cual tomamos los ejemplos y la información más familiar e inmediata a la que tenemos acceso. Según los datos de la memoria de la Fiscalía General del Estado (10) desde el 2009 de las más de 1.222.000 denuncias que se interpusieron ni siquiera el 0,01% han tenido una sentencia condenatoria como denuncia falsa. Sin embargo, es común en las conversaciones que una persona alce la voz para proclamar “tener un conocido al que su mujer le metió en la cárcel inventándose malos tratos”. En otras palabras, se coge una información parcial y sesgada correspondiente a la minoría de los casos y tomándola como una representación fidedigna de la norma general.

Uno de los mecanismos que más usa nuestro cerebro a la hora de filtrar la información que recibimos es el sesgo de confirmación. Este mecanismo natural, prácticamente inconsciente, trata de buscar la información que confirma nuestras creencias previas, dejando a un lado aquella que puede generarnos una gran disonancia cognitiva, es decir, un conflicto en nuestro marco de referencia ideológico. En una sociedad democrática donde se promulgan los valores de libertad e igualdad por doquier, nadie quiere aceptar que tiene interiorizadas actitudes machistas, racistas o xenófobas. Para ello, contamos con distintos mecanismos cognitivos de autoafirmación, los cuales actúan distorsionando la información que recibimos con la finalidad de salvaguardar nuestra propia imagen.

El uso cotidiano y generalizado que hacemos de estos prejuicios, tópicos y estereotipos, hace que no seamos conscientes de la influencia que tienen sobre nuestros juicios y opiniones. En esta línea son sumamente certeras las palabras de la escritora Nuria Varela: “Los prejuicios son un arma impredecible. La teoría feminista indaga en las fuentes religiosas, filosóficas, científicas, históricas, antropológicas y en el llamado sentido común para desarticular las falsedades, prejuicios y contradicciones que legitiman la dominación sexual” (Varela, 2013, p. 338) (11). Las feministas tratamos de tomar conciencia crítica sobre nuestra realidad social porque solo así podremos cambiarla, en definitiva, solo así podremos hacerla más justa.

Referencias Bibliográficas:
1. Puleo, A. (2005). El patriarcado: ¿una organización social superada? Temas para el debate, (133), pp.39-42.
2. De Miguel, A. (2015). Neoliberalismo sexual. El mito de la libre elección. Cátedra.
3. http://www.violenciagenero.igualdad.mpr.gob.es/violenciaEnCifras/victimasMortales/fichaMujeres/pdf/Vmortales_2018_19_12.pdf
4. http://www.interior.gob.es/documents/10180/0/Informe+delitos+contra+la+libertad+e+indemnidad+sexual+2017.pdf/da546c6c-36c5-4854-864b-a133f31b4dde
5. http://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&c=INESeccion_C&cid=1259931351611&p=1254735110672&pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout&param1=PYSDetalle&param3=1259924822888
6. http://www.educacionyfp.gob.es/dms/mecd/servicios-al-ciudadano-mecd/estadisticas/educacion/universitaria/datos-cifras/datos-y-cifras-SUE-2015-16-web-.pdf
7. http://www.educacionyfp.gob.es/dms/mecd/servicios-al-ciudadano-mecd/estadisticas/educacion/no-universitaria/alumnado/formacion-profesional/Nota-16-17.pdf
8. Concha, D., Bilbao, M., Gallardo, I., Páez, D. and Fresno, A. (2012). Sesgos cognitivos y su relación con el bienestar subjetivo. SALUD & SOCIEDAD, (3), pp.115-129.
9. http://www.dgt.es/es/seguridad-vial/estadisticas-e-indicadores/publicaciones/principales-cifras-siniestralidad/
10. https://www.fiscal.es/memorias/memoria2018/FISCALIA_SITE/index.html
11. Varela, N. (2013). Feminismo para principiantes. B,S.A.